La paciencia por el estado de las calles en Aguazul se agotó, y el descontento llegó con fuerza al recinto del Concejo Municipal. En una acalorada sesión de control político, la corporación aprobó una moción de observación contra Leonardo Barón, gerente de la Empresa de Servicios Públicos de Aguazul (ESPA S.A. E.S.P.), tras evidenciar que las fallas en la recolección de residuos, la escasez de camiones y el déficit de personal tienen hoy al municipio sumido en un evidente problema de limpieza.
La plenaria, donde el concejal Julio Eduardo Molano y sus colegas canalizaron los reclamos de la comunidad, no solo sirvió para exponer los trapos sucios de la operación, sino para sentar un precedente institucional. Pero, ¿qué significa realmente en la práctica que un concejo apruebe una moción de observación?
Lejos de ser un tecnicismo jurídico sin impacto, la moción de observación funciona en el mapa político como una tarjeta amarilla o un llamado de atención formal de máxima gravedad. A diferencia de la moción de censura —que equivale a una tarjeta roja e implica la salida inmediata del cargo para ministros o secretarios de despacho—, la moción de observación no tiene el poder legal de destituir automáticamente al gerente de una empresa pública descentralizada.
En términos sencillos: el Concejo no le quita la llave de la oficina al funcionario, pero le deja una mancha formal en su expediente de gestión. Es el mecanismo con el que los concejales, como representantes de la ciudadanía, le dicen oficialmente al alcalde y a la junta directiva de la entidad que la gestión de su designado reprobó el examen de la corporación.
Aunque la continuidad de Barón en el cargo queda en manos del mandatario local —quien tiene la facultad exclusiva de mantenerlo o removerlo—, la aprobación de este recurso no es un hecho menor. La medida enciende los reflectores sobre la administración, eleva la presión de la opinión pública y actúa como una señal de alerta para que la Personería, la Contraloría u otros entes de control pongan la lupa sobre los contratos, el estado de la flota y las finanzas de la empresa.
Con esta decisión, el Concejo de Aguazul no solo censuró políticamente las calles atestadas de basura, sino que le devolvió la pelota al despacho del Alcalde, dejándole en claro que el margen de espera para solucionar la crisis del aseo en el municipio se redujo a cero.
Fuente y Fotografía Concejo de Aguazul
