La ilusión de una generación entera quedó enterrada en las dos primeras salidas de Ecuador en este Mundial. De pasar de ser la gran revelación en las Eliminatorias suramericanas, hoy está al borde de quedar fuera de los 16 mejores equipos del mundo.
En sus dos primeros partidos, la Tri perdió 1-0 con Costa de Marfil y empató 0-0 con una de las sorpresas del torneo: Curazao. Ese pequeño país de apenas 150 mil habitantes, territorio autónomo del Reino de los Países Bajos, jugó sin complejos y le sacó un punto histórico a una selección que llegó con expectativas de octavos. El empate no solo duele por el rival, sino por la forma: Ecuador dominó la posesión, generó 16 remates y ninguno terminó en gol.
El argentino Sebastián Beccacece llegó con ínfulas de grandeza, hablando de proyecto, identidad y juego asociativo. Hoy está en el ojo del huracán. Aunque los directivos de la Federación Ecuatoriana de Fútbol no lo han dicho abiertamente, en todos los rincones del país se pide la cabeza del gaucho. La paciencia se agotó en Kansas City, donde la hinchada viajó miles de kilómetros para ver a su equipo y se fue con más dudas que certezas.
Nadie entiende cómo se puede llegar tantas veces al área y no concretar. Para ser puntuales: 16 remates entre ambos partidos, 5 al arco, 0 goles. La falta de un 9 de referencia y la imprecisión en el último pase se volvieron un karma. De nada sirve que el técnico, que más parece modelo de ropa exclusiva por su estilo impecable en el banco, salga a decir que “esto es el fútbol”. Al aficionado que pagó el viaje y a los millones que se quedaron en territorio ecuatoriano lo único que le importa es la victoria. Lo demás suena a charlatanería.
Por eso aún recuerdan con cariño al ‘Bolillo’ Gómez, el técnico que llevó a Ecuador a su primer Mundial en 2002 y lo puso en la cima de Sudamérica por momentos. Era un equipo competitivo, ordenado y demoledor en la contra. Hoy es un equipo sin conductor. Todos corren, todos presionan, pero nadie piensa. No hay pausa, no hay último pase, no hay jerarquía. El propio Beccacece declaró después del partido con Curazao: “Si hay alguien culpable, soy yo. Los jugadores hicieron lo que se les pidió”. Una frase honesta, pero que sonó a resignación.
“Esto es una vergüenza”, sostuvo un narrador del país vecino en plena transmisión, sin entender lo que sucedía en el Estadio Kansas City. Pero no era solo él. Eran millones de ecuatorianos que no comprendían cómo un grupo con jugadores en la Premier League, Serie A y Bundesliga no puede superar a un rival sin tradición mundialista. Empatar con Curazao no se admite cuando tu columna vertebral juega en Europa.
Ecuador está en el fondo del Grupo F con 1 punto y una diferencia de gol de -1. Para clasificar necesita vencer a Alemania en la última fecha y esperar otros resultados. La misión luce casi imposible. Si ocurre, es muy probable que sea el adiós de Beccacece. La directiva no lo dirá ahora, pero el ciclo parece roto. Lo querrán borrar de la historia reciente de la Tri, y con razón: una generación con talento nunca visto en Ecuador se está yendo sin dejar huella.
El fútbol da revanchas, pero esta duele porque la ilusión era real.
Fuente y Fotografía Enviado especial para El Nuevo Siglo Óscar Munévar Forero / AFP
